martes, 21 de enero de 2014

Ford: la monarquía absolutista que superó a la democracia corporativa

Como muchas empresas familiares, Ford Motors lleva en su denominación el apellido de su fundador, Henry Ford. Como también en otros muchos casos, varios de sus descendientes han ocupado la presidencia de la compañía. La diferencia es que en el caso de Ford Motors la familia apenas es propietaria de menos de un 2% de las acciones, perteneciendo el resto a multitud de inversores que intercambian sus acciones en bolsa.

Fue el fundador de la empresa el que ya estableció en la década de 1930 las bases para que sus descendientes controlaran la compañía. Creó una estructura con dos tipos de acciones. Unas ordinarias de tipo A que fueron posteriormente donadas en su mayoría a la Fundación Ford, convirtiéndose en un caso más de empresas controladas por fundaciones (ver post Empresas en manos de fundaciones). Pero creó otras, acciones B, con un mayor derecho de voto que pasaron a ser controladas por sus herederos, algo habitual en otras empresas (ver post Acciones sin voto en los medios de comunicación). Cada acción A tiene un voto en la junta de accionistas frente a 16 de las acciones B. 

Ford Motors pasó a cotizar en bolsa en la década de 1950 mediante la venta de acciones por parte de la Fundación Ford, y por tanto se trataba de acciones con los derechos de voto limitados. La empresa automovilística ha ampliado capital en numerosas ocasiones desde aquel momento, pero siempre de acciones tipo A por lo que la familia Ford no ha perdida nunca el control de la sociedad manteniendo en estos momentos el 40% de los derechos de voto. 

Esta situación no es del todo del gusto de todos los accionistas. Muchos de los poseedores de las acciones A desean eliminar los privilegios de las acciones B. Es la denominada democracia corporativa que no deja de ser una visión simplista de tratar de trasladar la democracia política. Simplista porque en los países tampoco se cumple la máxima de un ciudadano, un voto (ver post ¿Por qué una acción, un voto?). 

Pero en este caso no se trata de determinados blindajes que establezcan mayorías reforzadas que podrían tener su equivalente político en los requisitos para aprobar determinadas leyes o reformar constituciones (ver post Blindajes y propiedad de la empresa), sino de que unos accionistas por ser descendientes del fundador poseen mayores derechos de voto que otros. Sería el equivalente político al Antiguo Régimen y sus monarquías absolutas.

El régimen absolutista no es más que una dictadura hereditaria y se encuentra totalmente desprestigiada. En el mundo apenas Cuba, Corea del Norte y las monarquías árabes tienen gobiernos elegidos entre una saga familiar. Pero curiosamente un muy heterodoxo economista llamado Hoppe, defendió en su libro “Monarquía, democracia y orden natural” la controvertida idea de que las monarquías absolutistas resultaban más eficientes las democracias.   

Se basaba en la idea de que los miembros de un gobierno democrático, dado que ocupan sus puestos de manera temporal, no tienen incentivos de tomar medidas para lograr la prosperidad a largo plazo por lo que solo se fijarán en el corto plazo. Se trata de un razonamiento que se utiliza muchas veces para comparar las empresas familiares con las de aquellas con el capital atomizado (ver post Las diferencias de la Empresa Familiar). Pero en vez aplicarse a la “propiedad” de las empresas, se usa para el “gobierno” de los países.
Esto también podría trasladarse al caso de Ford. En este caso no podemos hablar de empresa familiar porque la familia no es mayoritariamente propietaria de la compañía pero sí es la que la “gobierna”.  Siguiendo este razonamiento, ¿podría existir alguna ventaja en que las empresas fuesen gobernadas siempre por la misma persona o por sus descendientes independientemente de quienes fueran sus propietarios? 

Aunque ahora los accionistas con títulos del tipo A de Ford clamen ahora por la igualdad de votos, a los accionistas de General Motors y Chrysler de poco les sirvió no tener accionistas con derechos políticos privilegiados.  En Abril de 2009 se produjo la mayor crisis de la historia de la industria automovilística norteamericana. Tras dominar el sector a nivel mundial desde hacía décadas, las tres grandes marcas encaraban graves problemas financieros tras continuas pérdidas de cuota de mercado lo que acabó desembocando en la quiebra de dos de ellas. 

Pero no fue el caso de Ford. ¿Por qué? Para los gestores de la familia Ford la quiebra de la compañía hubiera supuesta la ruptura de la relación entre familia-empresa (ver post Las empresas familiares) de la que ellos serían culpables tras generaciones que mantuvieron ese vínculo  (ver post Propiedad emocional en las empresas familiares). Obtenían un dividendo emocional de su  participación en Fod Motors (ver post Artículo “Dividendo Emocional: el papel de los accionistas en la responsabilidad empresarial”) y dejarla quebrar les supondría un coste emocional más elevado que el coste económico que sufrieron los directivos de General Motors y Chrysler (ver post Todos pierden, directivos ganan). Y al final lograron salvar la compañía.

De esta manera Ford tuvo un destino diferente a Chrysler, que acabó en manos de la también familiar FIAT que también había superado un fuerte crisis, y General Motors, que acabó en manos del gobierno norteamericano.  Un curioso caso en el que empresa gobernada como una dictadura logra salvarse de la crisis frente a dos empresas gobernada por una democracia de accionistas cuya aportación muchas veces es dudosa (ver post ¿Merecen los accionistas cobrar dividendos?).

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