jueves, 29 de marzo de 2012

La inversión con impacto social


La inversión responsable ha sufrido importantes cambios en los últimos tiempos. Entre ellos un cambio de denominación. En los últimos tiempos se prefiere hablar de inversión con impacto. El cambio de nomenclatura supone también un cambio conceptual importante.

Se define inversión responsable como aquella que cumple una serie de requisitos predeterminados. Esto ha dado lugar a una serie de índices donde se incluyen las empresas que cumplen dichos requisitos. Se trata por tanto de un concepto defensivo, de unos requisitos límite para recibir una determinada calificación (ver post ¿Cómo medir la responabilidad?).

Pero actualmente se está popularizando el término inversión con impacto, que lo que trata es de agrupar a aquellas inversiones que supone una mejora sensible en el entorno. Se trata de lograr un impacto positivo en la sociedad mediante la inversión empresarial. Es un término proactivo, se debe acometer acciones para lograr una mejora detectable en el objetivo marcado. Además esta definición permite una clasificación ordinal de los proyectos, de los que causan mayor impacto a los que menos, mientras en la anterior simplemente se podía ser o no responsable.

JP Morgan y la GIIN (Global Impact Investing Network) han hecho una encuesta entre inversores en busca de impacto sobre las características de las inversiones que buscan. Un 62% está dispuesto a renunciar a parte de la rentabilidad económica para obtener un mayor impacto social. Aunque también un 60% considera que no existe necesariamente un trade off entre rentabilidad económica y un impacto social. Y es que la mayoría (46%) quiere alcanzar un equilibrio entre la rentabilidad económica y el impacto social. Y en lo que respecta al seguimiento del impacto de la inversión, la mayoría prefiere hacerlo directamente (50%) frente a utilizar los sistemas de una tercera parte (31%) o los de la propia empresa en la que se invierte.   


lunes, 19 de marzo de 2012

El salario emocional de los sacerdotes


La Iglesia ya comprobó que una adecuada campaña publicitaria le puede suponer un  aumento de las contribuciones a través del IRPF (ver post A la Iglesia también le funciona la publicidad).

Por eso probablemente ha decidido volver a hacerlo con el objeto de aumentar las vocaciones a sacerdotes. El éxito de la campaña ha sido rotundo y ha obtenido una enorme atención de todos los medios de comunicación con la publicidad gratuita que eso supone.
El oficio de sacerdote no parece excesivamente atractivo en un principio, con un sueldo reducido y una jornada laboral que incluye una disponibilidad de 24 horas al día los 7 días de la semana. Por esa razón han decidido centrarse en los que la actual política de recursos humanos denomina salario emocional, todo aquellos que hace sentirse pagado por un determinado trabajo y que no supone la obtención de una cantidad de dinero. Y esas recompensas han sido las protagonistas del anuncio.

Actualización: dicho salario emocional debe ser bastante importante cuando diferentes estudios muestran que más del 90% de los sacerdores están contentos con su trabajo, un porcentaje muy superior a otras profesiones (via eleconomista)



lunes, 12 de marzo de 2012

El origen de Caixa Laietana: cuando las cajas sí eran cajas de ahorro


La figura jurídica de las cajas de ahorro parece tener los días contados y la separación de su actividad entre un banco y una fundación parece ser el final más probable. Pero realmente esta no es la primera transformación de estas históricas entidades que nacieron con una vocación muy diferente.
Surgieron a principios del siglo XIX cuando amplias capas de la sociedad sufrían una penosa calidad de vida. Los ideales liberales impulsaron la creación de cajas de ahorro con el objeto de fomentar el ahorro en las personas más desfavorecidas como prueba de auto superación, evitando el gasto inmediato para lograr una mejora de su situación económica. El pensamiento liberal consideró que existía un potencial en todo ese conjunto de población y que se podía lograr una mejora de sus condiciones, no a través de subsidios, sino mediante la inculcación de las ideas del ahorro y la previsión para el futuro (ver post El lado oscuro de las cajas de ahorro).
Ese fue el caso del origen de Caixa Laietana que se remonta al 8 de julio de 1859. El proyecto fundacional contaba de antemano con los apoyos necesarios, aunque no pudo conseguir su propósito hasta cuatro años más tarde, tras superar todos los escollos. Los iniciadores del proyecto alcanzaron el anhelado objetivo el 8 de febrero de 1863. Nacía una nueva Caja para “fomentar entre las clases laboriosas los hábitos de economía”.
Como en el caso de Caixa Pollença (ver post Caixa Pollença, una caja diferente), en su nacimiento fue fundamental la personalidad del fundador. El liderazgo, la tenacidad y la amplitud de miras del joven liberal Josep García Oliver (1834-1883) hicieron posible materializar el objetivo. Formado en sus viajes a Inglaterra, tenía conocimientos sólidos de economía y las ideas muy claras. Sobrino de un fabricante de lonas, fue la piedra angular, el impulsor de la fundación de la Caja, cuando aún no había cumplido los treinta años.
Josep García Oliver era fundador y secretario del Ateneo Mataronés. Esta institución, la más importante del s. XIX en la ciudad, acogió en su seno a la Caja de Ahorros en sus primeros años de existencia, hasta que consiguió tener sede propia. Artífice de la Biblioteca Popular (1866), génesis de la Obra Social más antigua de la Caja, fue alcalde de Mataró y diputado en las Cortes, por el Partido Liberal Monárquico, en la época de la restauración borbónica.
Si los montes de piedad facilitaban el endeudamiento de las capas más desfavorecidas, las cajas de ahorro fomentaban la previsión económica facilitando que se pudiera contar con un capital futuro. Un esquema muy alejado del actual sistema de microcréditos que en muchas ocasiones fomenta el sobreendeudamiento (ver post Montes de Piedad: una solución a los suicidios por los microcréditos).
Pero este esquema finalizó en la década de los años 20 cuando las cajas fueron obligadas a prestar sus recursos a las administraciones públicas obteniendo unos beneficios que nunca hubieran obtenido con su labor anterior de apoyo a los grupos menos pudientes. La obtención de esos beneficios llevó a la creación de la obra social y cultural de las cajas de ahorro en 1929, casi un siglo después de su fundación. (ver post ¿Cuándo las cajas dejaron de ser cajas?) Aunque las cajas mantuvieron su estatus jurídico, su funcionamiento era muy similar a la de un banco que repartía sus beneficios a través de una fundación.
Aunque el esquema banco-fundación fue inaugurado en el proceso de compra de Caja Castilla La Mancha por Cajastur y después refrendado por un cambio legislativo (ver post Caja Castilla La Mancha: ni caja ni de ahorros), no existen excesivas diferencias con el funcionamiento del sector después de 1929. Incluso la propia Caixa Laietana creó en 1987 una fundación para gestionar los recursos de su obra social sin que ello afectara sobremanera a su funcionamiento y aunque que la equipara con otras empresas propiedad de fundaciones (ver post Empresas en manos de fundaciones).  
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