martes, 13 de septiembre de 2011

¿Merecen los accionistas cobrar dividendos?


Una reciente reforma legislativa obliga a las empresas a ofrecer una remuneración mínima a sus accionistas. La medida ha sido promovida para evitar que accionistas mayoritarios eviten el reparto de beneficios con el objeto de perjudicar a los minoritarios que no pueden influir en la administración de la sociedad. El cobro de dividendos es uno de los derechos económicos que poseen los accionistas. Además poseen derechos políticos materializados en la asistencia y voto en las juntas de accionistas.

Pero esos derechos muchas veces quedan relegados cuando apenas se disponen de un porcentaje minoritario que impide influir en la gestión de la empresa. Esto lleva a muchos accionistas a desentenderse de la gestión de la compañía de la que son copropietarios. Son llamativas las escasas preguntas y pasividad de los accionistas incluso aunque se haya empeorado el rendimiento: ejemplo gurus... Incluso se llega a extremos como la reciente junta de accionistas de la cadena de supermercados británica Ocado a la que asistió únicamente ¡una accionista! Es cierto que también hay otros casos como la última junta de accionistas de Xstrata en la que un importante de número de accionistas se oposuieron a la retribución de los directivos... aunque el resultado final fue el mismo que si no hubieran acudido al no lograr la mayoría.

De ahí vienen propuestas para sobreponderar el peso de los minoritarios con el objetivo de incrementar su peso en las decisiones de la empresa. Es el caso de establecer límites en los votos que puede efectuar un único accionista (medida que una reciente reforma legal a dejado sin efecto) o exigir una permanencia mínima en el capital para poder ejercer los derechos políticos.

Esta dejadez de los accionistas nos tendría que hacer reflexionar si los llamados derechos políticos no traen consigo también algún tipo de obligación. En un post anterior, Diferencia entre beneficio y retribución de capital, se comentaba la idea de Mises de diferenciar dentro del resultado económico de la empresa la retribución del capital invertido y el residuo que corresponde al emprendedor. Cuando una empresa solo pertenece a un emprendedor, es él quien toma las decisiones, quien recibe la ganancia en caso de éxito y quien pierde su capital si es un fracaso. Así era el capitalismo en sus inicios: Adam Smith y el sueldo de los directivos.

Pero en las sociedad con múltiples propietarios son los directivos quien toma las decisiones y los accionistas quienes pierden sus inversiones en caso de fracaso. En caso de éxito los accionistas cobran los dividendos y los directivos cobran su retribución adicional en forma de bonus o stock options. En muchos casos los directivos reciben enormes retribuciones aunque la empresa haya sufrido una mala gestión pero es el mayor control de los accionistas lo que limita el salario de los directivos y sus aviones privados. Así que o hacemos que los directivos arriesguen su patrimonio o exigimos a los accionistas una mayor implicación si quieren recibir una rentabilidad adicional sobre los beneficios por encima de la simple retribución del capital invertido.

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