jueves, 3 de marzo de 2011

Montes de Piedad: una solución a los suicidios por los microcréditos

 Los microcréditos, pequeños préstamos destinados a personas con escasos recursos, lograron gran popularidad en la década pasada llegando la ONU a declarar 2005 como el año internacional del microcrédito. Parecía una solución casi perfecta para el tercer mundo. Proveía de fondos a los más pobres para que pudieran desarrollar un negocio y lograr recursos económicos. Se trataba de una medida barata ya que al devolver el beneficiario los fondos recibidos se podían volver a prestar apoyando nuevas iniciativas. Además el beneficiario lograba independencia económica gracias a su negocio por lo que no volvía a precisar de ayuda. Por el contrario, las donaciones no solucionan la pobreza sino que facilitaban la subsistencia por lo que debía concederse de manera recurrente obligando a recaudar periódicamente nuevos fondos.  

La concesión de microcréditos se propagó rápidamente por diferentes países.  Como los primeros resultados mostraban un bajo índice de impagos se incorporaron al sector entidades con ánimo de lucro. Parecía que el problema era la existencia de un hueco en el mercado no atendido por la baja bancarización existente en algunos países.

Pero una ola de suicidios en la India motivados por la creciente presión que sienten los beneficiarios de los microcreditos ante la imposibilidad de afrontar los pagos ha abierto el debate sobre su idoneidad. ¿Qué hacer con aquellos beneficiarios que no sean capaces de afrontar los compromisos de devolución del microcrédito? A primera vista parecería existirían diferentes soluciones dependiendo si el que concedió el microcredito tenía o no ánimo de lucro. Si sí lo tenía parece lógico que haga todas las gestiones para recuperar la cantidad prestada. Puede pensarse que si la concesión fue realizada por una entidad sin ánimo de lucro los requisitos deberían ser más flexibles. Pero esto plantea dos problemas. El primero que en algunos casos como el Grameem Bank creado por Yunnus existen unos depositantes que no lograran recuperar sus fondos si la morosidad es elevada y segundo que se puede dar una señal de que es “gratis” o “sencillo” no pagar los microcreditos por lo que se podría incentivar a que ninguno de los beneficiarios se molestara en devolver las cantidades prestadas.

Una posible solución es tan antigua que ya se desarrollaba en el siglo XV. En aquella época también se planteaba la necesidad que las capas más desfavorecidas accedieran a la financiación por lo que se crearon Montes de Piedad. Se trataba de instituciones que otorgaban financiación entre las capas más pobres pero a cambio de la prenda de algún objeto de valor, habitualmente de oro. Con eso se evita la problemática de tener que reclamar en caso de impago del préstamo lo que empeoraría la de por sí difícil situación de esas personas. Si no son capaces de pagar el préstamo, el Monte de Piedad se queda con el objeto dejado en prenda sin más responsabilidades.

De todas maneras el problema del sobreendeudamiento no es exclusivo de los microcreditos para pobres. Ha asolado a países de todo el mundo y a personas y empresas de toda condición. Precisamente alrededor de los Montes de Piedad se crearon otras instituciones, las Cajas de Ahorro, para fomentar la previsión financiera de los más pobres y no sólo su endeudamiento.


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