martes, 21 de diciembre de 2010

El robo de las obras de Chillida como ejemplo de la teoría subjetiva del valor

La Teoría Subjetiva del Valor postula que el valor de un bien dependerá de la capacidad de procurar utilidad a un individuo determinado. Aduce que es posible que una cosa puede ser más útil a una persona que otra, o incluso inútil a una persona y muy valioso para otra.

El reciente robo de unas obras de Chillida puede ser un ejemplo de esa subjetividad. Una de las obras fue vendida por 30€, es posible que los ladrones no la hubiesen valorada más que como unos kilos de metal para la chatarra, mientras otras personas hubieran estado dispuestas a pagar un millón de euros por ella.


jueves, 16 de diciembre de 2010

El Málaga CF renuncia a su patrocinador por el islam

Mediante la publicidad en las camisetas, los equipos deportivos se identifican de manera muy estrecha con marcas comerciales. Esto puede causar problemas en el caso de que dicha marca provoque un rechazo social entre la afición.

Eso le ocurrió a un equipo de baloncesto de Gijón que captó como patrocinador a una página web de contactos entre adultos al que tuvo renunciar ante la polémica generada. Pero otros patrocinios relacionados con el tabaco (como el de Ferrari) o con las casas de apuestas (como el Real Madrid) que aparecen en numerosos equipos haya supuesto ningún tipo de problema para los aficionados.

El Málaga CF ha renunciado a unos de esos patrocinios, el de una casa de apuestos William Hill con sede en Gibraltar. No ha sido por los aficionados sino por deseo del nuevo propietario del Málaga CF, el jeque qatarí Sheikh Abdullah Al-Thani. De la misma manera que existe una banca islámica que vende productos financieros adoptados a las prescripciones del islam, el Málaga CF se ha convertido en un equipo islámico que para respetar las directrices religiosas sobre el juego ha renunciado a dicho patrocinador.

Más en Otra Economía:

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Responsabilidad Penal Corporativa

No parece abrirse paso la idea de Robert Reich en Supercapitalismo de acabar con la personalidad jurídica de las empresas y reducirlas a simples paquetes de contratos. En el caso español, la reciente modificación del Código Penal introduce la Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas. Si la Responsabilidad Social Corporativa enfrenta a las empresas a la opinión de la sociedad, esta nueva responsabilidad es de obligado cumplimiento y las hace responder ante los tribunales de justicia.

Hasta ahora el código español seguía la tradición romana recogida en la locución latina: Societas delinquere non potest. Se consideraba que las empresas no podían delinquir y que los responsables debían ser personas físicas.

La nueva responsabilidad incluirá los delitos que sean cometidos en nombre o por cuenta de la persona jurídica, y en su provecho, por sus representantes legales o administradores de hecho o de derecho. La organización colectiva también será responsable directa cuando sus empleados o subordinados hayan cometido un delito y los responsables empresariales no hayan ejercido sobre ellos el debido control. Esto viene a aplicarse en los delitos de omisión y/o delitos no dolosos, donde los comportamientos empresariales delictivos vienen dados, en muchas ocasiones, por simples inercias internas, sin un protagonista claro.

Se espera de la empresa que colabore no solo en la prevención de los hechos delictivos que pudieran cometerse en su seno, sino también que, cuando el delito ya se ha producido, implante medidas correctoras eficaces que eviten su repetición; hasta el punto de que se valora esto último como circunstancia atenuante. Se considera también como atenuante que aporte al proceso pruebas que contribuyan a reforzar su propia culpabilidad. Por último, la responsabilidad de la persona jurídica no excluye la personal de los autores directos de los hechos, si estos pueden ser identificados y se prueba su participación.

Algunos de los delitos que se pueden imputar a las empresas son: acoso laboral, acoso inmobiliario, delito informático, estafa, alzamiento de bienes, estafa, corrupción, blanqueo de capitales, delitos contra la Hacienda Pública y Seguridad Social,...

Las penas que se pueden imponer pueden llegar a la suspensión de actividades, clausura de locales o incluso su disolución. Esta última condena fue la que sufrieron algunas de las empresas condenadas por su colaboración con el nazismo en los juicios de Nuremberg. 
 
Más en Otra Economía:
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...