martes, 13 de julio de 2010

¿Cómo castigar a BP?

La petrolera británica  British Petroleum ha protagonizado uno de los accidentes más dañinos al medio ambiente de los últimos años. La administración norteamericana ya ha advertido que reclamará una cantidad elevadísima de dinero para compensar las fuertes pérdidas económicas que ha provocado el accidente.
 
En este caso el castigo no consistirá en la desaparición de la compañía como le ocurrió a varias empresas colaboradoras con el nazismo. Aunque sí supondrá una pérdida patrimonial muy importante. ¿Pero es la multa suficiente castigo?
 
Por una parte nos tenemos que preguntar si la multa castiga al verdadero culpable. Son demasiados los ejemplos en los que los errores de los directivos los pagan los accionistas. Pero en este caso los accionistas sí pueden tener una parte de responsabilidad. El Christian Science Monitor detalla cinco decisiones de BP en su explotación del Golfo de Méjico que supusieron un ahorro de costes pero también un aumento del riesgo. Se trata de medidas de seguridad relacionadas con la circulación del petróleo extraído del pozo.

Con el objetivo de contentar a los accionistas, los directivos tomaron decisiones que maximizaban los beneficios siguiendo el patrón habitual de objetivos de la empresa. Los accionistas se beneficiaron de esas medidas y no ajustaron la gestión de los directivos con otros objetivos.

Pero la sanción monetaria no sólo afectará a los accionistas. La debilidad que provocará en la estructura financiera de la compañía también afectará a trabajadores, deudores o proveedores, a pesar de no haber tenido oportunidad alguna de participar en la toma de decisiones y corregir la gestión de los directivos.

Por eso cuando leí la posibilidad que la administración norteamericana pudiera prohibir el reparto de dividendos con el objeto de asegurarse que BP dispusiera de suficiente efectivo para pagar la sanción, me vino a la cabeza lo que escribí en un post sobre la moralidad del mercado:
“El problema surge cuando en el mercado participan sociedades con personalidad jurídica que sirven de velo a la responsabilidad de sus miembros. Añadido a la propia estructura de las empresas donde la propiedad está separada de la gestión, provoca comportamientos contrarios a los que habría si actuaran individualmente. De esta manera desaparecen los incentivos de reputación social o satisfacción personal mientras se multiplican los incentivos económicos cortoplacistas carentes de responsabilidad en los errores. “
Una forma de levantar ese velo es no sólo exigir una cantidad de dinero sino que dicha cantidad provenga de los dividendos previstos por la compañía, impidiendo que obtengan ninguna rentabilidad adicional. De esta manera no se causa perjuicio al resto de los agentes: ese dinero iba a salir de todas maneras de la compañía. Sería como una multa directamente a cada uno de los accionistas individualmente.
 
¿Y la responsabilidad de los gestores? A quien debería competer exigirla es a los accionistas. Aunque en este caso ya ha surgido alguna iniciativa que acusa a los gestores de ocultar información, seguro que el perjuicio económico de no recibir el dividendo previsto les supone un acicate para controlar más a los directivos.

Más en Otra Economía: Cuando los objetivos crean problemas

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