martes, 22 de diciembre de 2009

Mercado contra la lluvia ácida

Desde No doy crédito nos cuentan otro ejemplo de tragedia de los comunes: la esperanza de vida de los esclavos que viajaban en los barcos del siglo XIX era mayor que la de los tripulantes o la de aquellos que se quedaban en África. Los dueños se preocupaban de su salud en mayor medida de la de los tripulantes libres por el valor económico que tenían.

Se trata de otro ejemplo de la importancia de otorgar un valor económico para la protección en este caso del medio ambiente. La contaminación supone un coste (porque supone un perjuicio para terceros) que deben soportar aquellos que obtienen beneficios. Es la única manera de desincentivar ese comportamiento sin caer en costosas e ineficientes regulaciones.

A falta de la consolidación del mercado de CO2, el mercado de gases sulfurosos que provocan la lluvia ácida lleva funcionando desde hace casi dos décadas en EEUU arroja resultados espectaculares: las emisiones de óxido de azufre han caído un 50% desde 1980. Los objetivos de control de emisiones para 2010 se alcanzaron en 2007. Y todo con un coste entre un 20% y un 50% del que habría tenido de haberse llevado a cabo por medio de regulaciones a las empresas.

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