martes, 22 de diciembre de 2009

Mercado contra la lluvia ácida

Desde No doy crédito nos cuentan otro ejemplo de tragedia de los comunes: la esperanza de vida de los esclavos que viajaban en los barcos del siglo XIX era mayor que la de los tripulantes o la de aquellos que se quedaban en África. Los dueños se preocupaban de su salud en mayor medida de la de los tripulantes libres por el valor económico que tenían.

Se trata de otro ejemplo de la importancia de otorgar un valor económico para la protección en este caso del medio ambiente. La contaminación supone un coste (porque supone un perjuicio para terceros) que deben soportar aquellos que obtienen beneficios. Es la única manera de desincentivar ese comportamiento sin caer en costosas e ineficientes regulaciones.

A falta de la consolidación del mercado de CO2, el mercado de gases sulfurosos que provocan la lluvia ácida lleva funcionando desde hace casi dos décadas en EEUU arroja resultados espectaculares: las emisiones de óxido de azufre han caído un 50% desde 1980. Los objetivos de control de emisiones para 2010 se alcanzaron en 2007. Y todo con un coste entre un 20% y un 50% del que habría tenido de haberse llevado a cabo por medio de regulaciones a las empresas.

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viernes, 18 de diciembre de 2009

La garantía de los depósitos bancarios

Ninguna entidad de crédito está en disposición de devolver todo el dinero que tiene depositado sus clientes si todos se lo reclaman a la vez. Esto es debido a que los clientes depositan su dinero en el banco a corto plazo (a la vista o a un año) mientras las entidades lo prestan a largo plazo (a cinco años e incluso en hipotecas a 40 años).

Que un banco no sea líquido no significa que no sea solvente, es decir, sus activos pueden ser mayores que sus pasivos aunque los primero tengan un vencimiento a más plazo que los segundos. La confianza de los depositantes es clave ya que si retiraran su dinero por un pánico bancario podrían abocar a su quiebra. Como la desconfianza se puede contagiar de una entidad a otra, todas ellas están interesadas en que los clientes confíen en la totalidad del sector.

Para eso surgen los Fondos de Garantía de Depósitos, instrumentos de cobertura que garantizan a los clientes parte de las cantidades depositadas en caso de quiebra de la entidad de crédito. El coste de dicha cobertura exige el pago de una prima, como si se tratara de un seguro, por parte de las entidades de crédito en función de los depósitos.
En España existen tres fondos diferenciados según el tipo de entidad: Bancos, Cajas y Cooperativas de Crédito. La razón de esa diferenciación es porque bancos y cooperativas de crédito debían abonar una prima mayor debido a que históricamente el número de entidades quebradas de su tipo era mucho mayor que en el caso de las cajas de ahorro.

La propia existencia del Fondo de Garantía es una muestra de que las entidades de crédito pueden quebrar. Pueden y lo hacen. Por tanto el dinero depositado en un banco puede ser perdido por el ahorrador ya que el FGD sólo cubre 100.000€ por cliente y no cantidades superiores.

El FGD de las entidades bancarias ha tenido que pagar las cantidades aseguradas a los clientes en siete ocasiones, todas ellas a bancos de pequeño tamaño y cuando la cobertura era de 20.000€ por cliente. Inauguró esta lista negra el Banco de Navarra en 1978 y siguieron el Banco de Pirineos (1981), Bank of Credit and Commerce (1991), Banco Europeo de Finanzas (1991), Ibercorp (1992), Credipas (1996) y Eurobank (2003).

En otras ocasiones los Fondos de Garantía lo que hacen es otorgar ayudas a las entidades con problemas para facilitar ser absorbidas por entidades más solventes como el caso actual de Caja Castilla La Mancha por Cajastur. Se trata de evitar el elevado coste que supondría tener que hacer frente a los depósitos garantizados.

A pesar de esto, los costes de estas ayudas son enormes. Más de la mitad de todas las pérdidas afrontadas por el FGD de los bancos en su historia corresponden a las ayudas otorgadas a Banesto en 1994 para su adquisición por Santander. Por poner otro ejemplo, las ayudas otorgadas a Banca Catalana en 1982 para su adquisición por Banco Vizcaya (hoy BBVA) supusieron un coste 12 veces mayor que todos los pagos a depositantes realizados por el FGD en su historia.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Empresas para lograr los objetivos del milenio


En el año 2000 la ONU declaró ocho objetivos que la humanidad debía alcanzar durante el milenio. Las opiniones sobre cómo lograrlo son variadas. Una alternativa es confiar en las empresas como las herramientas más eficaces para el desarrollo de los países más pobres. Así lo muestra el informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo denominado “Las Empresas Frente al Desafío de la Pobreza: Estrategias Exitosas” que recoge iniciativas que crean valor en las difíciles condiciones que caracterizan a los países más pobres y de que manera este proceso también crea valor para los necesitados. A continuación se muestran algunos ejemplos:




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