martes, 19 de mayo de 2009

¿Sabemos lo que queremos?

Ketama lo afirmaba en su éxito No estamos locos, sabemos lo que queremos. Pero Richard Thaler y Cass Sunstein no lo tiene tan claro en su libro Nudge. A pesar de opinar que nadie mejor que uno mismo para tomar las decisiones que le afecta, consideran que muchas veces la decisión dependerá de cómo se plantee la pregunta.

Definen Nudge (empujón) como cualquier aspecto de la arquitectura de las decisiones que altera el comportamiento de las personas de un modo predecible sin prohibirle ninguna opción ni ningún cambio significativo en los incentivos económicos.

Si fuéramos homo economicus tomaríamos siempre las decisiones correctas. Pero en muchas ocasiones no es así. Por ejemplo, todos tenemos un lado reflexivo que toma una decisión y una lado automático que toma otra diferente. Podemos tomar la decisión de levantarnos temprano un determinado día para hacer tareas pero cuando suena el despertador nuestro lado automático decide dormir la mañana. Para solucionarlo se encuentran soluciones como Clocky, un despertador programado por nuestro lado reflexivo la noche antes y que recorre toda la habitación emitiendo un molesto ruido que obliga a nuestro lado automático a levantarse para apagarlo.

Los individuos solemos escoger la opción por defecto por lo que es muy importante cual se ofrece. La alternativa de no ofrecer ninguna o de plantear un abanico de opciones demasiado amplio hace que la mayoría de agentes tome una decisión perjudicial.

No todos los datos son igual de relevantes para la toma de una decisión. Por eso la agencia medioambiental de Estados Unidos modificó las etiquetas que muestran el consumo energético de los automóviles haciendo más hincapié en el coste anual estimado en combustible. Un dato que llamó más la atención de los compradores que el consumo medio y que les ayudó a tomar una decisión más eficientemente energética.

Pero los Nudge o la arquitectura de la toma de decisiones también tiene sus peligros. Los individuos tienen preferencia por opinar de manera similar a lo que el resto. El peligro está en si se transmite que la mayoría piensa de una manera, aunque sea mentira, lo que fue utilizado por ejemplo por el nazismo para ampliar su nivel de respaldo.

Más en Otra economía: Asesores de accionistas minoritarios

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...