martes, 12 de mayo de 2009

Empresas malvadas

Los mismos seres humanos que pueden ser altruistas también pueden tener actuaciones malvadas. ¿Y las empresas? Si el nazismo fue un caldo de cultivo para la peor cara de los alemanes también lo fue para sus empresas.

Varias fueron las compañías que usaron a más de siete millones de prisioneros de los países invadidos como trabajadores forzosos. Su importancia económica fue tal que suponían más de una cuarta parte de la fuerza laboral. Las condiciones que tenían que soportar era tan crueles como las de los campos de concentración.

Incluso se llegó a instalar fábricas en las proximidades de los campos de concentración como fue el caso de la factoría de IG Farben en Auschwitz. La empresa química no sólo usaba a los prisioneros como esclavos sino además fabricaba el gas con el que serían aniquilados. Por su terrible actuación la empresa química fue llevada a juicio por crímenes contra la humanidad. Una veintena de directivos se sentaron en el banquillo y la personalidad jurídica también fue sancionada a su disolución. Sus instalaciones en Alemania Oriental pasaron a ser controladas por el régimen soviético mientras que en la parte occidental se despieza en diversas pequeñas empresas y su patrimonio se interviene para que sirve como compensación a las víctimas de su actuación en el nazismo.

Durante el quinto año de guerra, en 1944, los Krupp obtuvieron más de 110 millones de marcos en beneficios, ganados con la explotación de doscientos cincuenta mil seres humanos que trabajaban en las 81 fábricas de su consorcio. Decenas de miles murieron en los campos de concentración que rodeaban estas fábricas. Una decena de sus directivos fueron condenados en uno de los juicios de Nuremberg donde el patriarca del conglomerado, Alfred Krupp, se defendió alegando que no se preocupaba de la política y que sólo le preocupaba un sistema que le permitiese hacer negocios. Fue condenado en 1948 a doce años de prisión y a la confiscación de todos sus bienes pero tras su liberación tres años más tarde, a petición del canciller Adenauer, se le devolvió todo su patrimonio.

El tercer grupo empresarial que protagonizó un juicio en Nuremberg fue Flick KG. El fundador de la empresa, Friedrich Flick, fue miembro del denominado “Círculo de amigos de Himmler” que agrupaba a una grupo de empresarios que financiaban al partido nazi. Sus empresas no sólo se beneficiaron del uso de mano de obra forzosa sino que además se apropió de numerosos negocios en manos de judíos a los que el gobierno nazi obligó a vender. Sólo el fundador y dos de sus directivos fueron condenados a penas de prisión aunque su patrimonio no se vio afectado. Como si fuera un deja vu, el hijo del fundador y heredero del imperio empresarial protagonizó en la década de los ochenta un caso de financiación ilegal de los cuatro principales partidos alemanes.



La financiación de tiranías ha sido un negocio muy repetido a lo largo de la historia. Incluso el régimen soviético que lanzaba diatribas contra los capitalistas occidentales obtuvo financiación de esos mismos capitalistas a cambio de jugosos contratos a través de sociedades como Ruscombank y sentando las bases del sistema de Gulag.

Por supuesto que hubo muchas más empresas implicadas en las tiranías. Desde Hugo Boss que diseñaba los uniformes nazis hasta Pepsi que vendía sus productos más allá del telón de acero. Pero en esos casos no se trataba más que de intercambios comerciales usuales en los que la otra parte era despreciable pero que tampoco suponía una violación moral tan flagrante como el uso de esclavos o la compra de negocios judíos por precios irrisorios. Entre otras cosas porque tampoco lo son para las personas físicas que son capaces de pasar sus vacaciones en dictaduras caribeñas o compran sus productos sin excesiva preocupación.

La jerarquía, que supo aprovechar el nazismo, y el dinero dificultan el altruismo. Yambas variables las podemos encontrar en la institución de la empresa y no nos pueden extrañar los casos de empresas malvadas. Así la supresión del disidente fue algo corriente bajo el stalinismo, algunas veces de manera bruta a través de ejecuciones y otras de manera más sibilina mediante el desprestigio y marginación de los opositores en la línea del actual mobbing. Asimismo el culto a la personalidad se produce en numerosas grandes corporaciones donde los más altos directivos dilapidan los recursos para su autocomplacencia en medios de comunicación o publicaciones y donde se incentiva la adulación.


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