martes, 28 de abril de 2009

Darwinismo empresarial: Donde las dan las toman

Richard Dawkins escribió en 1976 el libro El gen egoísta en la que postulaba que la evolución opera en los genes y no en los individuos, éstos últimos no son más que contenedores de genes egoístas que luchan por su supervivencia. Aunque la obra tiene un claro contenido biológico, el autor dedica un capítulo a los memes que define como la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro. El meme sería a la evolución cultural lo mismo que el gen a la evolución de las especies. A pesar de ser una aportación marginal, la idea del meme tuvo una enorme repercusión inesperada por Dawkins.

Si es aplicable a la cultura, ¿se puede trasladar la teoría de la evolución al mundo empresarial? En el siglo XIX Herbert Spencer trató de trasladar dicha teoría a la realidad social mediante la asunción del paradigma de la supervivencia del más apto que pronto se popularizó con la identificación del más fuerte. La imagen de la competencia empresarial como la de una selva en la que los más fuertes y egoístas triunfan está ampliamente difundida. Y con ella se identifican el darwinismo empresarial y la mano invisible. Pero ni Adam Smith postulaba dicha imagen ni el paradigma de Spencer tiene ninguna relación con las teorías de Darwin.

Precisamente en uno de los capítulos de El gen egoísta, Richard Dawkins muestra las características de las estrategias evolutivamente estables que deberían adoptar los genes para no poder ser invadida por ninguna otra estrategia alternativa. El politólogo Robert Axelrod y el biólogo Hamilton trataron de conocer dichas estrategias mediante la utilización de la teoría de juegos para el estudio de la evolución de las poblaciones en biología evolutiva. Mediante la repetición de diferentes partidas del dilema del prisionero evaluaban el resultado de diversas estrategias.

El resultado final dependería de las circunstancias, del clima más o menos hostil que predominara. Por eso razón la estrategia Siempre Desertar podría ser estable así como la Donde las dan las toman. Ésta última consiste en ser amable (no ser nunca el primero en desertar), vengativo (castiga mediante la deserción en la siguiente jugada cuando el otro jugador deserta en la anterior) pero clemente (perdona pronto los agravios y está dispuesto a reanudar la colaboración) y no envidiosa (no le preocupa que el otro jugador gane más que él siempre que logre mayores ganancias que si no cooperara). La irrupción de esta estrategia también fue defendida por Matt Ridley.

Aunque ambas estrategias sean colectivamente estables, Donde las dan las toman tiene un rango superior porque tiene una característica que ayuda a su difusión. Mientras la agrupación de individuos con la estrategia Siempre Desertar no les supone ninguna ventaja adicional, la unión de individuos con la estrategia de Donde las dan las toman les permiten obtener mayores beneficios al realizar más transacciones entre ellos. Por tanto la población de Donde las dan las toman tenderán a agruparse, lo curioso es que esa agrupación puede llevar a fomentar la cooperación entre los que se decantarían por otra opción en otro ambiente como Claudio nos explicó con su experiencia en el transporte público australiano.

Martínez Coll trasladó estas disquisiciones al terreno empresarial preguntándose si existe algún tipo de estrategia tal que una vez adoptada por la mayoría de las empresas de un país, les garantizase la mayor tasa de crecimiento, no existiendo por tanto ninguna otra estrategia que proporcionara una eficacia mayor. Se muestra crítico con la excesiva preponderancia asignada a la estrategia Donde las dan las toman considerándola débil en el caso del juego Halcón-paloma sustituya al dilema del prisionero y mostrando sus dudas a que los agentes conozcan la recompensa de cada decisión en todas las situaciones.

Pero las recompensas en cada juego sí deberían ser definidas por la banca. El darwinismo social muestra una imagen de la vida económica como una lucha sin cuartel por la supervivencia y el reparto de una "tarta fija", olvidando el carácter mutuamente benéfico y cooperativo de muchas actividades, en las que la prosperidad de unos agentes alienta la de otros y hace que todos ganen. Pero no podemos olvidar que una excesiva colaboración en algunos casos puede derivar en la formación de carteles. Que la banca premie el primer caso y castigue el segundo debería ser el objetivo del sistema normativo y de los agentes que participan en el mercado.

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