martes, 21 de abril de 2009

Cuando los objetivos crean problemas

El caso de Pepe el del Popular se ha puesto de nuevo de actualidad debido a su detención en Méjico. Se trataba de un director de una sucursal del Banco Popular en Santander que fue acusado de crear un banco paralelo que aceptaba depósitos de los clientes. En un momento determinado, Pepe huye y los clientes reclaman el dinero que habían entregado. Se estima que el agujero creado fue de 36 millones de euros (6.000 millones de pesetas de aquella).

¿Cómo fue posible? La explicación la encontramos recurriendo una vez más a mi pasaje favorito de Lazarillo de Tormes: el de las uvas. Lázaro y el ciego se disponen a comer juntos un mismo racimo cogiendo una uva de cada vez. Una vez finalizado el racimo, el ciego reprende a Lázaro por haber comido las uvas de tres en tres. Éste lo niego y le pregunta cómo puede hacer tal acusación. El ciego le contesta que lo sabe porque él las comía de dos en dos y el chico no protestaba.

Pepe era un empleado muy bien valorado por sus superiores que consideraban a la sucursal como una de las mejores del país. Él mostraba una dedicación total, en ocasiones renunciaba a vacaciones para continuar con su trabajo y el rendimiento de la sucursal era muy superior al de otras similares. Era tal el reconocimiento que tenía que el director regional le advirtió anticipadamente de que se iba a realizar una auditoria a la sucursal. Si los directivos del banco hubieran recordado las enseñanzas del ciego hubieran advertido de algo estaba fallando.

Lorenzo Abadia le echa la culpa a la dirección por objetivos mal hecha y recuerda el comentario de uno de los asistentes a sus charlas: “Imponen a la gente unos objetivos brutales, les hacen vender cosas extrañas, les obligan a venderlas en un plazo muy corto. Y si las venden, bonus fuerte. Y si no las venden, a la calle. ¡Y luego quieren que la gente sea honrada!” . En el post uno de los comentaristas aporta un detalle importante en el ejemplo expuesto por Abadia: “Claro, un día al marido se le acabó el tomate frito pero vió en un estánte un bote caducado. Su objetivo era servir el primer plato. No ponía en ningún lado que debería de ser comestible.” Y es que una mala planificación de los incentivos, como es el caso de ligar el todo el bonus al rendimiento económico, puede hacer que la empresa vuelva malvados a sus empleados y a los directivos.

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