jueves, 12 de febrero de 2009

Altruismo y cooperación animal

Entre los mamíferos sociales es relativamente fácil encontrar ejemplos de conductas animales que lo son todo menos egoístas. Quizá la más famosa –pues en ocasiones se ha dirigido a los seres humanos- es la forma cómo los delfines ayudan a sobrevivir a los miembros heridos del grupo. Los delfines deben subir a la superficie para respirar. Si un delfín está malherido que no puede ascender por sí mismo, otros delfines se agrupan alrededor del compañero herido, empujándolo hacia arriba. Si es necesario, hacen esto durante horas. Los animales sociales también comparten. Los lobos y los perros salvajes llevan carne a los miembros de la manada que no participaron en la cacería. Los chimpancés se guían unos a otros hasta los árboles que tienen fruta madura. Cuando un grupo de chimpancés ha encontrado un buen árbol, emite un ruido fuerte y estruendoso que atrae otros chimpancés, algunos de los cuales pueden estar a un kilómetro de distancia.

Los animales sociales se avisan mutuamente en caso de peligro. Cuando los halcones sobrevuelan, los mirlos y tordos emiten graznidos de advertencia, ayudando a otros miembros del grupo a escapar, aun a riesgo de atraer sobre sí al halcón. Un caso todavía más notable es el de la gacela de Thompson, un pequeño antílope que es cazado por manadas de perros salvajes africanos. Cuando una de estas gacelas percibe una manada de perros, se aleja saltando con un curioso trote conseguido a base de poner las patas rígidas, conocido como stotting, y que al parecer es una señal de advertencia: al instante todas las demás gacelas huyen. Sin embargo, el stotting es un trote más lento que la carrera normal, de modo que la gacela que da el aviso renuncia a una preciosa ventaja para advertir a las demás del peligro.

Cuando los animales luchan con otros miembros de su especie, a menudo aparentan seguir pautas muy parecidas a las reglas éticas adoptadas por los caballeros medievales. Cuando el lobo aventaja a otro, el animal derrotado hace un gesto de sumisión, exponiendo la blanda parte inferior de su cuello al vencedor; pero, en lugar de aprovechar la oportunidad de desgarrar la yugular de su enemigo, el lobo victorioso se aleja, satisfecho de su victoria simbólica. Desde un punto de vista puramente egoísta, tan noble conducta puede parecer estúpida. ¿Por qué dejar que el enemigo derrotado viva para combatir otro día? ¿Es posible que la respuesta esté en lago más importante que los intereses del lobo victorioso?.

En resumidas cuentas, es un error ver la naturaleza como una lucha a vida o muerte en la que quienes sólo se preocupan por su comida, seguridad y satisfacción sexual están destinados a eliminar a los demás. No es esto lo que nos dicen la biología y la teoría de la evolución. El paisaje que debemos atravesar para sobrevivir y transmitir nuestros genes es mucho más complejo que el descrito en el crudo esbozo que dábamos más arriba; por decirlo de otro modo, en la vida y en la transmisión de nuestros genes interviene algo más que la comida y la copulación.

Peter Singer

2 comentarios:

  1. Muy bueno. Muchas gracias.
    Un Abrazo

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  2. ¡Me encantó tu texto! Estuve leyendo mucho de mutualismo, sociobiología, altruismo animal y altruismo genético. Y creo que lo tuyo es lo que más me ha gustado leer, pues es como si tú hubieras podido dar las conclusiones que yo misma no podía organizar. ¡Me encantó!

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