viernes, 23 de enero de 2009

Cristianismo amigo del comercio

La defensa de ideas contrarias al comercio por parte de la iglesia coincidió con uno de los períodos de menos desarrollo económica de la historia de Europa. Pero esto cambió cuando el comercio empezó a florecer en la República Veneciana a mediados del siglo IX y la iglesia empieza ha aceptar la licitud del lucro para los socios en algún negocio (Summa Theologica de santo Tomás de Aquino) y los intereses no excesivos (Concilio IV de Letrán).

El comercio sigue creciendo en Europa y empieza surgir una clase media en el siglo XIV fruto de las deserciones de los vasallos. Paralelo a esa prosperidad, la iglesia empieza a asumir los postulados del comercio donde jugará un importante papel la Escuela de Salamanca. En 1517 Francisco de Vitoria fue consultado por comerciantes españoles afincados en Amberes sobre la legitimidad moral de comerciar para incrementar la riqueza personal. Vitoria y otros teólogos se alejaron de posiciones ya obsoletas e intentaron sustituirlas por nuevos principios extraídos de la ley natural. El orden natural se basa en la libre circulación de personas, bienes e ideas, de manera que los hombres pueden conocerse entre sí e incrementar sus sentimientos de hermandad. Esto implicaba que los comerciantes no sólo no eran moralmente reprobables, sino que llevaban a cabo un servicio importante para el bienestar general.

Schumpeter escribió en su Historia del análisis económico:

Precio justo [...] es precio competitivo. Resulta perfectamente justo que los mercaderes logren ganancias mientras sea pagando y aceptando los precios del mercado. Si sufren pérdidas será mala suerte, o una penalidad por incompetencia. Pero esto siempre que ganancias o pérdidas resulten del funcionamiento no obstaculizado del mecanismo mercantil; no si deriva, por ejemplo, de la fijación del precio por la autoridad pública o conglomerados monopolísticos”.

Pero Escohotado nos aclara que

Schumpeter no está exponiendo criterios propios, ni principios librecambistas que tardarán siglos en llegar. Se limita a resumir lo expuesto por el jesuita Luis de Molina en su tratado sobre la justicia y el derecho. Décadas antes ha publicado Martín de Azpilicueta, otro clérigo, un Comentario resolutorio de usuras (1556) que funda la teoría cuantitativa del dinero. A la explícita cuestión moral -¿es lícito comprar barato en un país para vender caro en otro?- Azpilicueta y sus colegas responden afirmativamente. Más aún, para la Escuela de Salamanca su defensa de los derechos civiles y el tiranicidio es inseparable de una actitud realista ante el proceso de intercambio. El mecanismo de mercado les parece el modo más racional de formar precios, consideran inexcusable el cobro de intereses y llaman “razón prudente” al esfuerzo por obtener ganancias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...