martes, 11 de noviembre de 2008

Debate sobre libre mercado y moralidad

Citoyen lanza esta pregunta a la blogosfera: ¿Corrompe el libre mercado la moralidad de la gente? La ha recogida de la iniciativa que ha tenido la Fundación Templeton de trasladar esa pregunta a diversos intelectuales que han expresado las siguientes ideas:

Jagdish Bhagwati defiende que el libre mercado, que equipara a la globalización, aumenta la moralidad de las personas poniendo como ejemplo como la internacionalización de las empresas japonesas en los ochenta supuso una mejora en los derechos de las mujeres niponas y citando los Principios de Economía Política de J.S. Mill: may be said without exaggeration that the great extent and rapid increase in international trade, in being the principal guarantee of the peace of the world, is the great permanent security for the uninterrupted progress of the ideas, the institutions, and the character of the human race.

John Gray se muestra escéptico con el término libre mercado ya que considera que en todo momento existe una regulación. Considera que la libertad puede minar determinados valores tradicionales, como la familia, que han sido muy beneficiosas para el desarrollo moral mientras que la economía de planificación mostró la peor cara del ser humana llena de corrupción y que premiaba la supervivencia a costa de los reparos morales. La envidia y la avaricia son vicios pero también estímulos económicos que pueden servir para el desarrollo de la humanidad. Por todo ello concluye que: the true choice is between different mixes of markets and regulation, none of which will ever be entirely morally benign in its effects.

Gary Kasparov afirma que el libre mercado corroe los valores morales pero... menos que el resto de sistemas. Tras su experiencia soviética se muestra muy crítico con la posibilidad de que el mercado no sea libre, porque de lo contrario el mercado está controlado por alguien quien impone castigos. Por el contrario en el libro mercado, el buen hacer se ve recompensado con una buena reputación que traerá en una mejora material. Además el libre mercado genera un aumento de la riqueza y elimina la miseria lo que facilita que los individuos se preocupen de la moralidad de las decisiones una vez resueltos sus necesidades primarias como marca la pirámide de Maslow.

Michael Waltzer considera que la competitividad que provoca el libre mercado incentiva a transgredir los límites morales. Aboga por un constitucionalismo del mercado que limite el poder del que disfrutan los más ricos. Un objetivo en el que han fracasado las democracias occidentales que se encuentran dominadas por los grandes capitales.

Michael Novak defiende que el libre mercado marcó los principios morales en el nacimiento de los Estados Unidos: innovación, orgullo del trabajo duro y previsión en el futuro. Dichos valores, compartidos por la religión, fueron una fuente de prosperidad inigualable. El problema surge en las generaciones que heredan esa prosperidad sin sacrificio lo que les hace abandonar esos principios lo que aboca a una decadencia moral y después económica.

Bernard-Henri Levy considera que es el libre mercado el que nos socializa, promoviendo los intercambios, y el que nos posibilita ser moralmente responsable, ya que nos permite tomar nuestras propias decisiones.

Tyler Cowen se muestra favorable a que el libre mercado favorece los valores morales. Pone el ejemplo que los países menos corruptos son aquellos en los que el libre mercado se encuentra más extendido. Para lograrlo pone dos condiciones: la existencia de un sistema legal eficaz que persiga la agresión y el fraude y una base cultural en la sociedad de confianza y creencia en las reglas del mercado.

Robert B. Reich, autor de Supercapitalismo, reclama que la transparencia en los intercambios comerciales para lograr que el consumidor se tenga que enfrentar a un dilema moral cuando debe comprar un producto: If the market mechanism were so transparent that we could not avoid knowing the moral effects of our buying decisions, presumably we would then have to choose either to sacrifice some material comforts for the sake of our ideals or to sacrifice those ideals in order to have the comforts.

Ayaan Hirsi Ali empieza delimitando que la moral que postula es la consistente en anteponer la libertad de las personas a la redistribución de la riqueza o las creencias religiosas. Bajo ese prisma, el libre mercado no proporciona una sociedad perfecta pero sí pero una sociedad moralmente superior a la que proporcionan el resto de sistemas: la teocracia, el totalitarismo o la anarquía.

John C. Bogle distingue el libre mercado del actual mercado esposado (fettered market). Cuando Adam Smith publicó sus obras, el mercado estaba dominado por inversores individuales que perseguían sus propios intereses pero con prudencia e iniciativa. Pero en la actualidad los inversores a largo plazo han sido sustituidos por buscadores de rentas a corto plazo al frente de las corporaciones. Esto ha introducido un relativismo moral que ha permitido aberraciones como las altísimas retribuciones de los altos directivos, la ingeniería financiera para crear la ilusión de un beneficios crecientes pero realmente inexistentes, la asunción de un riesgos excesivos mediante el apalancamiento y el pago de enormes sumas para lograr el favor de los políticos que han permitido privatizar las pérdidas y socializar los beneficios.

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