miércoles, 29 de octubre de 2008

Promise cabernet, Weekly standard y Chelsea


¿Qué tiene en común un vino producido en Napa (California), un semanario editado en Whasington y un equipo de fútbol de Londres? Pues que los tres son empresas y las tres no proporcionan beneficio monetario alguno a sus dueños.
Stephen McPherson es el presidente de la cadena de televisión ABC y Rich Frank fue presidente de los Estudios Walt Disney y de la cadena de televisión Paramount. A pesar de la enorme experiencia de ambos en la industria del entretenimiento, el negocio que ambos decidieron emprender conjuntamente fue una empresa vinícola llamada Promise. Las primeras botellas ya estaban vendidas antes de su salida de la bodega a un precio de 250 dólares y han recibido excelentes críticas en la prensa especializada. A pesar de este éxito comercial, cuando Frank consultó con su asesor financiero sobre la rentabilidad de su negocio, éste le contestó que no vería beneficio alguno hasta tres años después de su muerte.
Rupert Murdoch es un claro ejemplo de empresario de éxito. Comenzó gestionando un periódico local australiano y en la actualidad controla uno de los mayores grupos de comunicación del planeta. Es uno de los hombres más ricos del mundo y sus negocios le reportan pingües beneficios. ¿Todos? No, un pequeño semanario editado en la capital norteamericana llamado Weekly Standard le supone unas importantes pérdidas, superiores al millón de dólares anuales. ¿Por qué no se desprende de él? Tal vez porque aunque su escasa tirada no le reporte beneficios, pero se trata de una de las publicaciones más influyentes de Estados Unidos. Entre su redacción se encuentran gran parte de los asesores del presidente Bush y muchos de los componentes del equipo de la candidatura de McCain.
Roman Abramovih es un millonario ruso que trasladó su residencia a Londres como otros muchos ricos atraídos por las importantes ventajas fiscales de la capital británica. Chelsea es uno de los barrios más exclusivos de Londres pero no uno de los que contaban con mayor tradición futbolística. El ruso, gran aficionado al balompié, decidió adquirir al equipo del barrio y convertirlo a base de talonario en uno de los principales equipos de Europa. Lejos de los beneficios que el Manchester United reporta a sus dueños, el Chelsea no ha logrado otra cosa que pérdidas. Aunque como diría el anuncio, el placer de ver a tu equipo jugar una final de la Champions League en Moscú no tiene precio.

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