viernes, 31 de octubre de 2008

¿Por qué se tienen hijos?

La única razón por la que un homo economicus tendría un hijo es como forma de asegurarse el sustento en su vejez cuando ya no pueda trabajar y siempre que el vástago sea altruista ayudándolo en la vejez. Esto en una situación que imposibilite el ahorro para poder disponer de los recursos financieros en el momento de la jubilación y la inexistencia de un sistema público de pensiones adecuado. Se puede apreciar claramente estas razones en determinadas zonas de China o la India donde los encargados del mantenimiento de los ancianos son los hijos y las nueras. Esto desincentiva tener hijas ya que éstas cuidaran de sus suegros en la vejez y no en sus padres, lo que explica el fuerte rechazo de la población a tener hijas.

Esta visión planteada por Leibenstein (1957) fue contestada por los trabajos de Becker y Barro (1986 y 1988), quienes promulgaban que la fertilidad es un bien de consumo que proporciona una utilidad de la que deriva la Regla de Hamilton.

La existencia de sistemas públicos de pensiones supone que los agentes no precisarán de sus hijos para sobrevivir en su vejez. Esto podría explicar el fuerte descenso de la natalidad en los países desarrollados reafirmando la visión de que los hijos eran bienes de inversión para la jubilación.

Además explica por qué aquellas rentas más bajas tienen más hijos ya que serán las que menores recursos tendrán para su jubilación y cuyo tiempo tiene menor coste de oportunidad. O también nos hace entender los procesos en los que se produce un aumento de la natalidad con un descenso de la cobertura del sistema de pensiones público como explican Boldrin et al. (2005) y Billari y Galasso (2008).

Pero los defensores de que la fertilidad es un bien de consumo argumentan que dicha reducción también puede ser provocada por la reducción en la renta disponible que suponen las cotizaciones a las sistemas de pensiones.

Ambos modelos pueden ser compatible y explican que los sistemas de pensiones han reducido la fertilidad pero no la han hecho desaparecer. Entre otras cosas porque la “rentabilidad” de los hijos como bienes de inversión para el retiro son proporcionales a su número mientras no lo es la utilidad que producen como bienes de consumo. En la mayoría de casos, la satisfacción mostrada por tener cinco hijos no es cinco veces mayor a la de tener uno.

Y eso a pesar de que el sistema de pensiones incentiva la aparición de free riders, aquellos individuos que cobrarán sus pensiones gracias a las cotizaciones de los hijos de aquellos agentes que sí afrontaron el desembolso de tener hijos. Con lo que el coste de la utilidad de tener hijos aumenta, dado que se tienen más gastos sin disponer de más ingresos en la vejez. Así los sistemas de pensiones se muestran como instrumentos públicos que reducen el altruismo de tener hijos.

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