viernes, 17 de octubre de 2008

Cooperativas vs. trabajadores accionistas

Las cooperativas se enfrentan a fuertes dificultades a la hora de su crecimiento debido a sus limitaciones para ampliar capital. En el caso del mayor grupo cooperativo del mundo, Mondragón Corporación, se resolvió mediante a la creación de una red de sociedades que sirvieran de respaldo financiera unas a otras. Otra solución es la planteada por la sociedad Sunderland Home Care Associates (SCHA). Se trata de una cooperativa de servicios asistenciales a personas dependientes con contratos de outsourcing de servicios sociales municipales. En este tipo de servicio abunda la estructura de cooperativa dado que es muy intensivo en personal y tiene poca necesidad de capital.

El crecimiento de la facturación y los beneficios de SCHA trajo la necesidad de modificar la estructura de la empresa. Algunas de las limitaciones eran que la participación en una cooperativa no se revaloriza aunque el negocio florezca y que el peso de todos los empleados era idéntico. Pero los socios de la cooperativa no deseaban tampoco renunciar a los valores que habían creado el proyecto y renunciaban a la creación de una sociedad anónima tradicional.

La opción elegida fue la creación de una sociedad anónima pero que cumpliera con una serie de requisitos: que sólo los empleados pudieran poseer acciones, que la mayoría de acciones se gestionara colectivamente y que ningún empleado poseyera más del 2% de los títulos.

Para lograrlo crearon un Employee Benefit Trust (EBT) que controlara la mayoría de la nueva sociedad (56%) en beneficio de todos los empleados del grupo y en el que todos ellos tendrían voto. Por otro parte se transferirían acciones directamente a los empleados del grupo que cobrarían los dividendos correspondientes y que podrían vender sus acciones a otros socios. Esta transferencia se hizo mediante dos programas: Share Incentive Plan (SIP) y el Profit Share Trust (PST). El resto de las acciones corresponderían a la antigua sociedad cooperativa.

En el siguiente gráfico se puede comprobar la composición del capital de la sociedad anónima SCHA en 2007. La mayoría del capital está en manos del Employee Benefit Trust (EBT) (56%). El porcentaje de acciones en manos de los trabajadores de manera individual, a través del SIP y el PST, ascendía al 17,4% cuando cinco años antes apenas representaba el 5,26%. La antigua sociedad cooperativa posee el 26,5% del capital. El precio de la acción de la nueva sociedad pasó de las 2,6 libras en 2002 a 6,6 libras en marzo de 2007.

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2 comentarios:

  1. En el caso de MCC (Mondragón), parte de la necesidad de capital financiero también se ha solventado mediante las AFS (Aportaciones Financieras Subordinadas), que cumplen perfectamente la filosofía cooperativa (son los trabajadores los que "alquilan" el dinero, no el dinero el que "alquila" al trabajador.

    En otras cooperativas de consumo españolas (Consum, Abacus,...) también se han implementado medidas de Aportación de Capital Voluntario, también remunerado (="alquilado").

    Y sobre que el valor de la participación en el capital no se revalorice, ejem ejem... Podrías leerte cualquier Informe Anual de alguna de las cooperativas de crédito, y verás que el valor de la participación social, si existen excedentes (beneficios) no repartidos (las reservas de libre disposición), se destinan a incrementar el valor de la participación. Al menos en España es perfectamente legal (y muy lógico).
    Por ejemplo:
    http://www.caixa-enginyers.es/cast/informacion_corporativa/informeanualcast.php

    Puede que en otros países, con regulaciones diferentes, no sea posible. Y claro, una cosa es la revalorización "orgánica", y otra la libre cotización en un mercado secundario, cosa que no es ni propia ni posible para una cooperativa.

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  2. Muchas gracias cachiliplox por el comentario. El problema que tenía la cooperativa presentada en el post no era de captación de fondos, para lo cual existen alternativas a la ampliación de capital como las que comentas, sino de motivación de sus trabajadores.

    La distribución del beneficio en las cooperativas no se imputa según el importe del capital aportado sino de cada socio de manera personal en la empresa. Además existen importantes limitaciones al reparto de beneficios como retribución del capital. Puedes encontrar una información más amplia: http://dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_articulo?articulo=1119302&orden=60355

    Como bien apuntas, la transmisión de las participaciones en una cooperativa viene determinada por su valor neto contable. Una medida que minusvalora su valor si atendemos a las comparativas entre dicho valor y el precio de mercado de las sociedades cotizadas.

    Estas tres limitaciones que padecen las cooperativas no se producen en las sociedades mercantiles donde los trabajadores son accionistas. Aunque en ambos casos la empresa se encuentre controlada por la plantilla. Los trabajadores de las sociedades mercantiles poseen unos mayores y más individualizables incentivos económicos.

    La experiencia de SCHA que comento trata de crear una mezcla de ambas situaciones. El resultado es que los derechos políticos se reparten con un voto por cada trabajador, como en el caso de las cooperativas, pero los derechos económicos se asignan en función del capital aportado, como en el caso de las sociedades mercantiles propiedad de los trabajadores. Un “mix” que resuelve unos problemas aunque probablemente cree otros, pero que sin duda alguna es una solución alternativa y original.

    Un saludo,

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