martes, 21 de octubre de 2008

Acciones sin voto en medios de comunicación

Las acciones sin derecho de voto se denominan también acciones preferentes ya que reportan más derechos económicos que las acciones ordinarias. Así dichas acciones cobran un dividendo mayor y en caso de disolución de la sociedad recuperan antes su inversión que los propietarios de acciones ordinarias.

Al estar supeditadas su retribución a los beneficios de la empresa, a diferencia de los títulos de renta fija, supone un riesgo adicional renunciar a los derecho políticos de las acciones ordinarias. Si todos los accionistas persiguen la maximización de beneficios, no se puede entender la razón por la que se emitan títulos cuya retribución dependan de los beneficios de la empresa pero que no dispongan de la misma capacidad de voto.

Alguna razón posible para esto es el salvarguardar un papel relevante para los fundadores de la empresa debido a que la entrada de nuevos accionistas supondrá una pérdida de poder en las decisiones de la empresa. Dicho papel no se entendería en un contexto de maximización de beneficios ya que todos tendrían un mismo objetivo. Pero los fundadores pueden también tener un ligazón emocional con la empresa que fundaron, con su criatura. Precisamente las emociones parece que fue lo que llevaron a Jerry Yang, fundador de Yahoo, a rechazar la rentable oferta de compra de Microsoft; probablemente para no a su “criatura” en manos de la tan odiada compañía de Gates.

Otra opción es la sobreponderación del voto de los accionistas estables como recompensa a su fidelidad. Un mecanismo popular en Francia que trata de corregir el peso de aquellos accionistas “de paso” que pueden no tener incentivos para tomar las decisiones más convenientes en el largo plazo en busca de rápidas rentabilidades. Lo que es popular en España es la limitación del voto a los grandes accionistas, lo que supone de facto una sobreponderación del voto de los pequeños accionistas.

Otra explicación a este fenómeno es que exista un grupo de accionistas que no sean maximizadores de beneficios y quieran dirigir la gestión hacia la consecución de sus objetivos, que no coincidirán con la de los accionistas sin voto que buscan mayores rentabilidades. Ese el caso de las cajas de ahorro, lo que explica el lanzamiento de las cuotas participativas, que no son otra cosa que acciones sin voto.

Y es el caso también de los medios de comunicación. Como vimos en los casos de Prisa y Libertad digital, los accionistas de medios pueden estar más interesados en la difusión de sus ideas que en la obtención de una rentabilidad económica. Ante la llegada de nuevos accionistas maximizadores de beneficios, los accionistas ideologizados pueden temer que sus objetivos se vean traicionados en la búsqueda de una mayor rentabilidad. Esto es lo que explica la existencia de acciones sin derecho de voto en los grandes periódicos norteamericanos como es el caso del New York Times, que se encuentra controlado por la familia fundadora mediante acciones con derecho a voto.

Pero como toda empresa familiar, los deseos del fundador se van diluyendo según avanza el árbol genealógico, con lo que las futuras generaciones muchas veces persiguen más la maximización del beneficio. Ese fue lo que ocurrió a Dow Jones, propietario del Wall Street Journal, que pasó a manos de Rupert Murdoch cuando la mayoría de los herederos se decantaron por su venta para maximizar la rentabilidad de su inversión

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