jueves, 4 de septiembre de 2008

La economía de la biodiversidad

La Tierra necesita una nueva economía que valore los bienes naturales, que otorgue un valor en cifras y facilite la protección del Medio Ambiente y aporte más beneficios que su destrucción.

Un informe titulado La economía de los ecosistemas y la biodiversidad, elaborado por el economista de Deutsche Bank en Londres, Pavan Sukhdev, defiende que la Tierra necesita una nueva economía que valore los bienes naturales, que les otorgue un valor en cifras facilitando la protección del Medio Ambiente aporte más beneficios que su destrucción.

Para lograrlo ha realizado un cálculo del valor potencial de distintos bienes naturales y los costes que acarrea su destrucción.

La idea consiste en que en el futuro merezca económicamente más la pena invertir en la naturaleza que destruirla. El informe llega a la conclusión de que el ritmo actual de destrucción de los bosques acarreará en 2050 una pérdida del 6% del Producto Interior Bruto mundial, retroceso que se derivará de la pérdida de funciones realizadas por los bosques como el control de riadas o el suministro de agua potable.

El informe llega a la conclusión de que el ritmo actual de destrucción de los bosques acarreará en 2050 una pérdida del 6% del Producto Interior Bruto mundial, retroceso que se derivará de la pérdida de funciones realizadas por los bosques como el control de riadas o el suministro de agua potable.

Uno de los retos es fomentar la inversión en bienes naturales públicos. Uno de los patrones en los que podría basarse este modelo económico podría ser el mercado de emisiones de dióxido de carbono ya existente.


Otro ejemplo es el del Canal de Panamá, donde compañías de seguros y navieras están financiando un proyecto para reforestar un área de 80 kilómetros de longitud, iniciativa que a medio plazo sale más barata que asumir los costes derivados de crecidas o problemas de sedimentación que trae consigo la deforestación a lo largo del canal.

O el de los manantiales de Vittel, perteneciente a Nestlé, que detectó que la calidad de su agua se veía afectada por las técnicas agrícolas intensivas. La compañía suiza cooperó con los agricultores locales para cambiar sus métodos hacia una agricultura más sostenible.


El gobierno de Uganda cedió el 20% de los ingresos del turismo a las comunidades locales que se responsabilizaran del mantenimiento y conservación de las reservas naturales lo que incrementó espectacularmente la población de animales salvajes.


Más | The economics of ecosystems and biodiversity


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