miércoles, 6 de agosto de 2008

La crítica marxista a los beneficios

Marx consideraba que el beneficio era la parte que el empresario se apropiaba del trabajo del empleado. Según la teoría del valor trabajo cada mercancía encierra un valor correspondiente al tiempo de trabajo socialmente necesario requerido para su producción. Los trabajadores no reciben todos los ingresos derivados de las ventas de su producción ya que una parte irá destinada al capitalista que no ha dedicado tiempo en la fabricación.

Lenin lo exponía así:

“El trabajador gasta una parte del día en cubrir el coste de su manutención y el de la de su familia (salario), mientras que la otra parte del día laboral trabaja sin remuneración, creando para el capitalista plusvalía, que es la fuente del beneficio, la fuente de la riqueza de la clase capitalista”


Varios pensadores han respondido a estas críticas. Fue el caso de Böhm-Bawek que introdujo el elemento temporal en la discusión. ¿Qué ocurre si existe un largo período entre el momento en que el empleado hace su trabajo y en el que se materializa los ingresos derivados de ese trabajo?

Es el caso de un vino que necesite madurar en la barrica durante veinte o cuarenta años para alcanzar una calidad extraordinaria. Los cultivadores, recolectores y pisadores de la uva, no pueden cobrar hasta pasadas decenas de años salvo que un capitalista les adelante su retribución. Si quieren cobrar inmediatamente después de finalizar su tarea, deberán hacerlo no conforme al valor del vino ya maduro, sino de acuerdo al valor del vino sin edad que es notablemente inferior. Además habría que añadir el elemento del riesgo. Si al final el vino se malogra o no se logra vender, ¿deberían los trabajadores renunciar a su retribución?

Otro aspecto a tener en cuenta es la subjetividad del valor que se asigna a todos los bienes y, por tanto, también a las horas de trabajo. Una hora de trabajo de un cirujano en Estados Unidos está valorado mucho más que la de un botones de un hotel. Lo contrario ocurre en Cuba donde está mucho más valorado la hora de trabajo en empresas hoteleras que en el sistema sanitario. De la misma forma que un vaso de agua es más valorado en un desierto que en los Alpes.

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