sábado, 2 de agosto de 2008

El cristianismo y los beneficios

Tal vez la crítica más feroz a los beneficios provenga del Nuevo Testamente cuando Jesús anunciaba:

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: “Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios!”
“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios”.

Algunas voces han defendido esta postura al considerar que no se puede olvidar las diferencias entre el sistema económico de aquella época y el actual, que el verdadero mensaje era la promulgación de la ayuda mutua, que existen varias posibles interpretaciones o que en otros pasajes como en la parábola de los talentos se produce un mensaje diferente:

Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Además la condena del lucro personal ha sido después matizada desde diversas encíclicas papales:

La historia y la experiencia demuestran que en regímenes políticos que no reconocen a los particulares la propiedad, incluida la de los bienes de producción, se viola o suprime totalmente el ejercicio de la libertad humana en las cosas más fundamentales, lo cual demuestra con evidencia que el ejercicio de la libertad tiene su garantía y al mismo tiempo su estímulo en el derecho de propiedad.

Juan XXIII

Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados correctamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente.

Juan Pablo II

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