martes, 29 de julio de 2008

¿Por qué las ballenas y no los pollos se extinguen?


Ese es uno de los apartados del libro El economista naturalista. La explicación viene porque los pollos tienen dueños que se preocupan de su reproducción ya que de lo contrario no obtendrían. Por el contrario las ballenas no son de nadie y los barcos japoneses que los pescan no sufragan su mantenimiento. Se trata de un ejemplo más de la tragedia de los bienes comunales.

Puede pensarse que sólo los animales domésticos pueden ser de titularidad privada pero no es así. Un ejemplo es la empresa Gestión y Desarrollo Agrocinético que se dedica al negocio del aprovechamiento agrícola, cinegético, forestal y ganadero de fincas rústicas. En el caso del negocio cinegético donde asesora sobre la pirámide poblacional óptima y determina la necesidad de repoblación o capturas. Al menos en España, la mayoría de los animales de caza están en fincas bajo el dominio de algún propietario. De alguna manera se puede decir que los animales de caza pertenecen a alguien, son bienes privados. Si el propietario se gana la vida dando cacerías, o disfruta de su finca cazando, le interesa mucho mantener un equilibrio ecológico. El dueño está interesado en mantener en la finca una carga de animales que resulte óptima con el tamaño de la propiedad y gracias a esos esfuerzos cuidan de otras especies protegidas o en peligro de extinción que se encuentran en sus propiedades.

En Inglaterra y Escocia, los particulares pueden adquirir derechos de pesca exclusivos en diversos ríos. Se trata de cesiones de su usufructo que incentivan a los adquirientes a perseguir los casos de polución y sobreexplotación. Así se creo la Angler’s Conservation Association que presta servicios legales a los propietarios de derechos de pesca en los ríos ante las empresas o individuos que hayan contaminado. Se trata de la reclamación de elevadas indemnizaciones por la pérdida económica sufrida por los pescadores. Los peces no pertenecen a nadie hasta que no son pescados pero el deterioro medioambiental de un río provoca la depreciación del derecho de pesca del que disfrutan los pescadores justificando la indemnización. Las cantidades obtenidas son destinadas a restaurar el ecosistema del río.

Pero no sólo la caza y la pesca permiten la subsistencia de los animales salvajes. Zimbabwe padeció un fuerte descenso de sus poblaciones de elefante y rinoceronte negro. A pesar de las leyes restrictivas y de los esfuerzos gubernamentales, la población de esas especies siguió decreciendo hasta niveles alarmantes. A principios de los años 90 el gobierno del país africano permitió la propiedad privada de animales en peligro de extinción. A partir de entonces el número de animales ha crecido espectacularmente a pesar de que en los países vecinos siguen descendiendo. En un primer momento fueron empresas dedicadas a la caza las que gestionaron la repoblación pero pronto aparecieron negocios alrededor del turismo que deseaba hacer safaris fotográficos como el caso del Senuco Safari Lodge.

El siguiente paso sería preguntarnos si la gente estaría dispuesta a poseer elefantes aunque no los fuera a ver en la vida. Simplemente por el hecho de saber que se colabora con que sigan existiendo. Haciendo una analogía con las empresas sociales de Yunnus, no sería realizar una donación puntual dedicada al mantenimiento de los elefantes sino invertir en su compra para obtener ingresos mediante el turismo, los documentales televisiones u otros. ¿Habría inversores dispuestos a sacrificar rentabilidad financiera a cambio de la rentabilidad emocional de poseer animales en peligro de extinción?

Actualización: en Kenia también hay una experiencia de gestión privada que se denomina Mara Conservacy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...