viernes, 25 de julio de 2008

Felicidad

Aristóteles afirmaba que el objetivo del hombre era la consecución de la felicidad. En su “Ética a Nicómaco” mostraba que la felicidad se alcanza con la contemplación teórica, es decir, la sabiduría. Una sabiduría que Adam Smith retrata en la parte tercera de su Tratado sobre Sentimientos Morales como las virtudes de la prudencia y la magnanimidad. El autor escocés advierte que el más sabio de los hombres no es “sino uno entre la multitud, no mejor que cualquier otro de entre ella”. Así lo recuerda en La Riqueza de las Naciones cuando duda que el filósofo sea mejor que un porteador ya que el porteador puede servir al filósofo, ¿pero viceversa? Ryan Patrick postula en su ensayo “Adam Smith, Aristótels y la ética de la virtud” el autor escocés logra la felicidad poniendo su sabiduría para lograr que la “opulencia universal que se extenderá hasta las persona de los estratos más bajos” en su obra de “La Riqueza de las Naciones”.

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