viernes, 24 de agosto de 2007

Blindajes y propiedad de la empresa

La tragicómica OPA sobre Endesa ha vuelto a poner de actualidad el debate sobre los blindajes en las empresas. En el caso de la empresa energética, existían acuerdos que limitaban la capacidad de voto de un único accionista al 10% del total sin tener en cuenta que tenga un mayor porcentaje. Estos acuerdos confieren un importante poder al Consejo de Administración frente a inversores hostiles. Pero también desincentivan la aparición de opas hostiles, infringiendo un importante perjuicio económico a los accionistas ya que les impide deshacerse de sus títulos a un precio superior.

Pero esa desventaja no presupone que los blindajes siempre resulten perjudiciales. Gaspar Ariño exponía hace unas semanas desde las páginas de Expansión una defensa del principio “una acción, un voto” para evitar los problemas que se derivan de los blindajes. El propio Ariño también expuso hace años la misma defensa en el caso de la OPA sobre Hidrocantábrico. En aquel caso, el blindaje pudo obstaculizar la aparición de una oferta más generosa pero en el de Endesa contribuyó a facilitarla. La solución de derogar los blindajes no está exenta de efectos secundarios perjudiciales.

Todas las acciones tienen los mismos derechos económicos y políticos, pero los accionistas minoritarios pueden verse despojados de sus derechos políticos de facto ante un accionista mayoritario con el 51%. ¿Qué derechos políticos pueden tener unas acciones que no son más que papel mojado para la toma de decisiones?

La mejor forma de tomar decisiones en un colectivo es la unanimidad pero también es la más complicada. Por esa razón las decisiones a menudo se toman por mayoría, un sistema no exento de riesgos ya que aboca a los minoritarios a un papel marginal. Para evitarlo, los estados articulan reglas para que las decisiones fundamentales se tomen por una mayoría cualificada. Para reformas constitucionales o diferentes nombramientos judiciales no es suficiente el 51% de los votos sino que es necesario un mayor consenso entre las diversas partes. ¿Se puede entender esto como una violación del principio “una persona, un voto”? ¿Significa que se asigna un papel sobreponderado a los partidos minoritarios?

A pesar de que la empresa es un colectivo más reducido que un estado, en las grandes corporaciones tampoco resulta sencillo tomar las decisiones por unanimidad. Pero la alternativa no puede ser simplemente el voto por mayoría. Existen determinadas decisiones fundamentales que deben contar con un mayor nivel de apoyo e incluir a los minoritarios.

Encontrar medidas de gobierno corporativo que permitan a los accionistas minoritarios ejercer sus derechos políticos sin caer en las desventajas de los actuales blindajes ni en la inoperancia de la legislación sobre opas es uno de los retos de la gestión empresarial.

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