viernes, 31 de agosto de 2007

Maimónides, las ayudas sociales y la RSC

Un filósofo judío del siglo XII llamado Maimónides entendió que en todo acto de caridad, la transacción tiene dos lados, el que da y el que recibe. Quería que el donante tuviera el corazón puro y el que receptor tuviera dignidad. De esta manera consideraba que el grado más alto de caridad es cuando el donante hace un regalo o un préstamo o da alguna forma de ayuda, que permite el receptor fuera autosuficiente.

Maimónides también insistía en el anonimato, como manera de mantener la dignidad y la pureza del corazón. El grado más bajo de caridad se produce cuando el donante y el receptor conocen sus respectivas identidades. Defendía dar por compasión y no por la vanidad de que alguien dependa de nosotros por lo que propugnaba el anonimato del donante y receptor.

¿Cómo evaluar la mayoría de actividades de responsabilidad social corporativa, obra social de las cajas o mecenazgo de las empresas siguiendo los dos criterios anteriores? ¿Deben las empresas identificarse ante los beneficiarios? ¿Se debe comunicar para que los clientes favorezcan a las empresas que hagan contribuciones sociales? ¿Se incentiva que los receptores pasen a ser autosuficientes?

jueves, 30 de agosto de 2007

La transparencia de Caja Navarra

Si la semana pasada hablábamos de lo difusos que eran los objetivos de las cajas de ahorro, mención aparte merece la gestión de Caja Navarra. La entidad navarra va camino de convertirse en un caso de estudio en las escuelas de negocio.

Si fue la primera entidad donde sus clientes decidieron directamente las actividades financiadas con su obra social en un alarde de transparencia, ahora ha dado una vuelta de tuerca e informa a todos sus clientes de cuánto gana con cada uno de ellos y cuánto es lo que aporta cada uno de ellos a la obra social. Lo segundo es un cálculo sencillo ya que la caja dedica un 30% de sus beneficios a ese concepto.

martes, 28 de agosto de 2007

El lado oscuro de las cajas de ahorro

Hace cosa de un mes se cumplieron 30 años desde el estreno de la guerra de las galaxias. El éxito de la saga ha traído consigo un sinfín de imitaciones, adaptaciones y parodias. Pero detrás de ese éxito no está más que la lucha del bien y del mal que se repite en multitud de historias. En esta saga, Darth Vader se ve arrastrado al lado oscuro de la misma manera que Fausto vendió su alma al diablo.

¿Y qué tiene que ver todo esto con las cajas de ahorro? Como en la hexalogía de George Lucas donde un bondadoso Anakin Skywalker se transforma en el malvado Darh Vader, las cajas de ahorro han pasado de ser instituciones para el desarrollo de las capas más desfavorecidas de la población a transformarse en grandes corporaciones financieras donde entre sus clientes se encuentran las grandes fortunas y las grandes empresas.

domingo, 26 de agosto de 2007

¿Estaría dispuesto a pagar más por un producto “responsable”?

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) es uno de los conceptos más en boga de la gestión empresarial. Se trata en líneas generales de que la empresa no solo se preocupe de satisfacer los intereses de sus accionistas sino también de otros actores en el funcionamiento de la empresa: empleados, proveedores o la comunidad en la que se encuentre sus instalaciones.

Las Naciones Unidas declararon diez principios de carácter bastante genérico en los que se encuadraba esa responsabilidad. A pesar de la indefinición que supone hablar de intereses en diversos grupos que cuando a menudo son contrarios entre sí, el debate sobre la responsabilidad de las empresas con la sociedad ha llegado al público en general. Acciona protagonizó una importante campaña de publicidad para mostrar su actitud responsable. Pero otra compañía, Chevrolet, ha utilizado también la RSC. En este caso una voz en off nos informa que la empresa automovilística no ha hecho nada por las gárgolas medievales, ni por la música de cuerda ni por ninguna ave. Pero lo que sí ofrece es un automóvil, el modelo Matiz, a un precio reducido y con unas altas prestaciones. ¿Cuál de los dos mensajes cala más en el mercado? ¿Están los consumidores dispuestos a pagar un precio superior a una empresa responsable?

sábado, 25 de agosto de 2007

La rentabilidad del fútbol español

El presidente del Valencia afirmó hace unos días que no renuncia a acudir a la bolsa para obtener nuevo capital para el equipo. Han sido escasas las ampliaciones de capital que han tenido éxito en el fútbol español, y cuando lo han tenido ha sido gracias a que apenas un puñado de inversores la han completado. Así fue el caso del Castellón, del Real Zaragoza o del Real Oviedo. Atrás quedan los tiempos de la fundación de las Sociedades Anónimas Deportivas cuando numerosos aficionados acudieron a comprar pequeñas participaciones en sus equipos.

En un post anterior se hizo referencia que en el fútbol existe dos tipos de inversores: aquellos que buscan una rentabilidad económica y aquellos que quieren ver a su equipo alcanzar éxitos deportivos. Esa disparidad no es algo exclusivo del fútbol y también se produce en otros sectores. Igual que en todas las empresas la aparición de nuevo capital a las sociedades anónimas deportivas dependerá de que su gestión cubra las expectativas de los inversores. ¿Lo logran las SAD españolas? ¿Qué rentabilidad deportiva y económica logran los equipos españoles? Esas preguntas fueron las que trate de contestar en un artículo publicado el año pasado sobre los resultados de las sociedades anónimas deportivas españolas a lo largo de tres temporadas.

La primera sorpresa fue que los fondos propios de los que dispone un equipo tiene una relación muy débil con los puntos que logra en la competición liguera. Si quien tiene más capital no obtiene necesariamente más éxitos deportivos, ¿para qué suscribir nuevas acciones cuando no va a tener relación con el resultado deportivo?



La segunda fue que tampoco se aprecia una relación entre la cuantía de los fondos propios que comprometen los accionistas y los beneficios obtenidos. Si no existe relación entre el capital invertido y la retribución obtenida, ¿quién va a comprometer nuevos fondos?



La tercera fue que los equipos españoles no logran trasladar el éxito deportivo a los beneficios económicos y viceversa. La relación entre puntos obtenidos en la competición liguera y los beneficios económicos no guardan ninguna relación.



Todo esto no lleva a que la rentabilidad financiera, es decir, la relación entre las cantidades invertidas y los beneficios obtenidos, es escasa en la mayoría de equipos excepto en una minoría que refleja unos abultados resultados económicos negativos. Mientras la rentabilidad deportiva, la relación entre las cantidades invertidas y los resultados deportivos, es escasísima en la mayoría de equipos excepto una minoría que alcanza un mejor resultado. Los escasos valores de ambas rentabilidades nos muestran que la gestión del fútbol español es manifiestamente mejorable. Sobre todo teniendo el ejemplo del equipo del Villareal logró compatibilizar una alta rentabilidad deportiva con la obtención de beneficios económicos durante las temporadas 2001, 2002 y 2003. Una pauta que debería seguir todos los equipos.



Otra cuestión diferente es la obtención de beneficios por parte de los accionistas mayoritarios lejos de los aparecidos en el balance y que explicaría el interés en adquirir sociedades anónimas deportivas por un valor muy superior a lo que se deduciría desus estados contables como fue el caso del Bétis. Dichos beneficios oscurantistas resultan una anomalía en cualquier sector empresarial de un país occidental y explican el alejamiento de las sociedades anónimas deportivas por parte de los pequeños accionistas.

viernes, 24 de agosto de 2007

Blindajes y propiedad de la empresa

La tragicómica OPA sobre Endesa ha vuelto a poner de actualidad el debate sobre los blindajes en las empresas. En el caso de la empresa energética, existían acuerdos que limitaban la capacidad de voto de un único accionista al 10% del total sin tener en cuenta que tenga un mayor porcentaje. Estos acuerdos confieren un importante poder al Consejo de Administración frente a inversores hostiles. Pero también desincentivan la aparición de opas hostiles, infringiendo un importante perjuicio económico a los accionistas ya que les impide deshacerse de sus títulos a un precio superior.

Pero esa desventaja no presupone que los blindajes siempre resulten perjudiciales. Gaspar Ariño exponía hace unas semanas desde las páginas de Expansión una defensa del principio “una acción, un voto” para evitar los problemas que se derivan de los blindajes. El propio Ariño también expuso hace años la misma defensa en el caso de la OPA sobre Hidrocantábrico. En aquel caso, el blindaje pudo obstaculizar la aparición de una oferta más generosa pero en el de Endesa contribuyó a facilitarla. La solución de derogar los blindajes no está exenta de efectos secundarios perjudiciales.

Todas las acciones tienen los mismos derechos económicos y políticos, pero los accionistas minoritarios pueden verse despojados de sus derechos políticos de facto ante un accionista mayoritario con el 51%. ¿Qué derechos políticos pueden tener unas acciones que no son más que papel mojado para la toma de decisiones?

jueves, 23 de agosto de 2007

Fútbol, un cóctel de pasión y negocio

Empieza una nueva temporada de la liga de fútbol. A pesar de los éxitos deportivos que nos deparan deportes como el baloncesto o el balonmano, el balompié sigue acaparando el principal interés de los españoles… y su dinero.

Los jugadores de fútbol llevan ya mucho tiempo cobrando por desarrollar su labor en las ligas de más alto nivel. Lejos quedan los tiempos cuando el deporte se relacionaba exclusivamente con una actividad saludable. Hoy forma parte de una industria del entretenimiento y del ocio cuya importancia económica aumenta día a día. Pero hay algo que no ha cambiado, la pasión mostrada por los aficionados ante los avatares de sus equipos.

Esta dicotomía en el mundo del fútbol se ha consolidado con la transformación de los clubs deportivos en sociedades anónimas. Dicho proceso ha tratado de profesionalizar una gestión donde los principales actores, los jugadores, ya hace mucho que eran profesionales. El camino escogido no ha sido igual en todos los países.

En Inglaterra desde tiempos victorianos se estipula que los objetivos de los equipos son dos: alcanzar la ‘glory’, el éxito deportivo, y el ‘profit’, el beneficio económico. Compatibilizar ambos no parece tarea sencilla como han mostrado las tensiones acaecidas en clubs como el Manchester United ante la aparición de inversores norteamericanos. En Argentina y Portugal han elegido sistemas que han establecido la presencia simultánea de clubs y sociedades mercantiles en la gestión de los equipos.

En España el panorama resulta desolador. La mayoría de aquellos que invirtieron su dinero en equipos de fútbol buscando una rentabilidad económica no la han encontrado. Otros muchos invirtieron su dinero para obtener otro tipo de satisfacciones, que aunque no fueran pecuniarias, también resultan gratificantes: los éxitos deportivos de su equipo. Pero en este último caso, la mayoría tampoco ha visto recompensado su desembolso.

En el fútbol español de los últimos años no ha aparecido ninguna correlación entre el capital invertido por los accionistas y la consecución de sus objetivos, bien sean beneficios económicos o éxitos deportivos. Si lo trasladáramos a otro sector es como si una tienda de barrio tuviera los mismos beneficios de El Corte Inglés o como si un niño en patinete corriera igual que Fernando Alonso en su Formula Uno. Ésta es una de las conclusiones de un artículo publicado por Estudios Financieros.

Otra de las conclusiones se refiere a que los dos objetivos, el económico y el deportivo, no solo son compatibles y uno no contrarresta al otro, sino que para lograr un éxito continuado en uno de ellos lo mejor es obtener también un buen resultado en el otro. Por lo que esa disyuntiva que a veces se plantea de tener que elegir entre obtener beneficios o lograr éxitos deportivos no se corresponde a la realidad.

La existencia de dos objetivos en las sociedades anónimas deportivas representa un reto para los gestores si lo comparamos con un escenario de un único objetivo como el de la maximización de beneficios. Pero ese reto es compartido por otras muchas sociedades en las que participan accionistas con fines diferentes. Incluso es algo que se está generalizando fruto de la preocupación de un mayor número de inversores no solo respecto a cuánto se gana sino también a cómo se gana.

miércoles, 22 de agosto de 2007

La otra economía

En economía existen supuestos o abstracciones que se consideran ciertas para la construcción de determinadas teorías aún sabiendo que no los son. Igual que el naufrago que supone que tiene un abrelatas en una isla desierta para poder comer la comida enlatada. Muchas de esas suposiciones permiten simplificar para poder analizar mejor aspectos concretos y conocer mejor la siempre compleja realidad. Pero muchas veces también suponen una cortina de humo que nos alejan de esa realidad.

Una de las abstracciones más utilizadas es la denominada “homo economicus”, en la que todos los hombres maximizan su utilidad que consiste en obtener los mayores beneficios posibles con el menor esfuerzo. Se suele ligar esta idea a uno de los textos más citados en economía en la que Adam Smith afirmaba en La Riqueza de las Naciones:

“No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de lo que esperamos nuestra cena, sino de sus miras al interés propio, y nunca les hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas”

El problema radica en que la simplificación que nos ha llevado a este razonamiento es falsa de partida. Tan falsa que el propio Adam Smith en su Teoría de los Sentimientos Morales escribió:

"(...) por muy egoísta que se suponga a las personas, hay algo en su naturaleza que los insta a preocuparse por la ventura y felicidad de los demás, no obteniendo de ello otro beneficio más que el placer de observarlas".

Vernon Smith trató de explicar esta aparente contradicción mostrando que los hombres se comportan como homo economicus en contextos impersonales donde la gente intercambia bienes siguiendo sus propios intereses, y es la mano invisible del mercado la que opera. Por el contrario, en situaciones de alto intercambio social, es su propensión a intercambiar solidaridad, afecto, compasión y ayuda la que opera.

Pero esta explicación no concuerda cuando los consumidores rechazan comprar productos si han sido fabricados violando los derechos humanos o cuando prefieren comprar productos más caros si eso supone mejores condiciones para unos productores que no conoce personalmente.

Es totalmente compatible que el mismo panadero que nos exige el pago por el pan que tanto le ha costado producir, se lo regale a aquellos que considere necesitados. Pero no se lo regalará a aquello que considere deberían haber podido comprárselo. De la misma manera, el consumidor que adquiere un automóvil al fabricante más económico prefiere pagar más por un balón de fútbol si eso supone que en vez de hacer trabajar a menores sea posible su escolarización. En ambos casos se maximizan su utilidad, que no es el beneficio económico sino su felicidad. La lograremos a veces acumulando dinero para pagarnos unas vacaciones o un coche nuevo. Otras donando dinero a causas humanitarias o participando en un coro. Cada una de las cosas lo haremos por egoísmo, por buscar nuestra felicidad.
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